Llevar la comida a la oficina parece una tarea de lo más sencilla, pero requiere tener en cuenta un par de trucos para que los alimentos mantengan intactas sus propiedades y, sobre todo, su temperatura ideal. Por suerte, hoy en día contamos con envases muy versátiles que se adaptan perfectamente a nuestras necesidades y a cada estación del año.
Si quieres que tu almuerzo diario sea un éxito, toma nota de estos consejos prácticos:
El reto del verano: Mantener la cadena de frío
Cuando el calor aprieta, proteger tu menú es fundamental para evitar que se estropee antes de la hora del almuerzo.
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Mochilas o bolsas térmicas: Son tus mejores aliadas. Si sacas la comida de la nevera por la mañana antes de salir de casa, estos recipientes aislantes te ayudarán a mantener la temperatura correcta hasta el momento de servirla en la mesa.
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El truco de los bloques de hielo: Si quieres un extra de seguridad para asegurar que la comida se mantenga bien fría, añade a la mochila bloques de gel congelados o pequeñas botellas de agua congelada. Mantendrán el interior fresco durante horas.
Termos y fiambreras: Elige el contenedor adecuado
No todos los platos necesitan el mismo recipiente. Saber combinarlos te ahorrará más de un disgusto en la oficina:
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Termos para líquidos: Son la opción ideal para conservar a buena temperatura los alimentos líquidos como caldos, sopas, infusiones o el café de media mañana, evitando que se enfríen o pierdan cualidades. Además, en el mercado encontrarás tamaños de todo tipo: desde la medida de una taza hasta la de un plato hondo.
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Túpers de plástico: Destacan por ser muy prácticos porque pesan poco y no se rompen si sufren algún golpe en el transporte. Eso sí, no escatimes en gastos: compra siempre fiambreras de buena calidad y libres de BPA, ya que van a contener el alimento que ingieres a diario.
🧩 Consejo de organización: Intenta que el tamaño de tus recipientes se ajuste por completo al espacio de la mochila térmica que vayas a utilizar. Organizar el menú del día puede convertirse en un auténtico rompecabezas para que todo encaje a la presión justa y nada se vuelque por el camino. ¡Vale la pena intentarlo!




